Hablemos sin tapujos del Diezmo, ofrendas y siembras.


Hace unos años un pastor evangélico amigo me invitó a un evento que su iglesia estaba organizando, era una campaña de milagros ministrada por un “apóstol” de República Dominicana que visitaba el país. Fui, por ser cordial con el pastor ya que le admiraba mucho y teníamos trabajos sociales en común.

La predica dirigida por el “apóstol” fue buena en ciertos puntos, motivaba a las personas en la búsqueda de Dios, sin embargo era una búsqueda condicionada, “Si le buscas Dios te va a dar su bendición” una bendición entendida por aquel hombre en términos materiales, riquezas, autos, etc. Sobre este tema escribiré en otro momento.

Luego de la predicación  invitó a las personas a participar de la oración, usando el viejo truco de “el Señor me ha revelado que alguien en este lugar está pidiendo por una enfermedad cardíaca” (es un truco porque con un público grande estadísticamente más de uno puede estar pidiendo por enfermedades de ese tipo) lo mismo hizo mencionando jóvenes que pedían por trabajo, mujeres que pedían por la conversión de sus esposos y cosas por el estilo.

El asunto es que muchos pasaran a orar, el “apóstol” impuso sus manos en ellos y les “ungió” pero, lo que sí me parece molesto, pésimo, pecado grave fue lo que pasó después.
Pusieron en medio del altar una canasta grande, el “apóstol” leyó el siguiente texto:

“Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.” 2 Corintios 9:6

Luego les dijo a los que habían sido “ungidos” que debían de sembrar para el Señor, sino lo hacen en vano fue la oración, si sembraban el Señor les iba a conceder todo lo que le han pedido y más.

Ante esto la gente se acercó a aquella canasta a dejar su dinero, pero el “apóstol” no se quedó ahí, les dijo que la siembra no necesariamente debía de ser en dinero, podía ser con lo que andaban y que “les hacía aferrarse a las cosas del mundo” celulares, cadenas, relojes, que se desprendan, que eso era lo que Dios quería. En ese momento entendí el tamaño de la canasta.

La gente entregó sus cosas bajo la promesa de una bendición  de Dios condicionada.

En un momento se levanta una joven, yo la conocía, venía de una comunidad rural, su mamá estaba muy enferma, en varias ocasiones yo le había visitado. Esta joven no tenía dinero ni nada costoso consigo, ella se acerca al altar y se quitó las chinelas que andaba, sus chinelas las depositó en la canasta. El “apóstol” la puso de ejemplo ante los demás, ejemplo de fe, e invitó a todos a tener gestos así de grandes. Esto hizo que los que ya habían ofrendado se acercaran a dar más cosas.

Yo no sé cómo lo veas, pero esto es un robo, es un robo a la Iglesia, es un robo al pueblo de Dios, es la peor forma de manipulación que puede haber, enriquecerse a costa de las necesidades de un pueblo orante.

Y aunque el diezmo y las ofrendas tienen base bíblica, de eso no cabe duda. Tenemos por ejemplo Proverbios 3:9, “Honra a al Señor con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos”. 
También está escrito en los textos bíblicos que deben darse a los colaboradores del templo. Números 18:21, “Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad. Por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión”.

Pero, esto que sucedió en ese evento dista mucho de la ordenanza bíblica del diezmo. Esta “siembra” sirve solamente para enriquecer a los pastores o líderes religiosos y empobrecer al pueblo necesitado, siendo que, cuando Dios estableció el diezmo este tenía un fin completamente contrario.


En la Biblia, el diezmo es para cuidar a los más necesitados

En Hechos 4:34-35, habla de cuando los Apóstoles predicaban. Los asistentes que tenían posesiones y daban sus ofrendas a los pies de los Apóstoles. Estos, a su vez, efectuaban la distribución de dichos bienes a cada uno, según su necesidad. Esto denota la importancia de que la iglesia, por más rústica que fuera, cuidara de los huérfanos, viudas y enfermos.


Se lee en Santiago 1:27, “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones. Guardarse sin mancha del mundo.” La finalidad de la iglesia es tanto compartir el Evangelio como proveer las necesidades físicas de los necesitados. Comida, ropa, hospedaje.

1 Corintios 12:12-27 dice que la iglesia es el “cuerpo” de Cristo. La iglesia es sus manos, sus pies y su boca. La iglesia y sus fieles están para hacer lo que Cristo haría en la Tierra: amar y cuidar del prójimo.

Pero, ¿cuál es la realidad de las iglesias protestantes en estos tiempos? ¿Qué se hace con los diezmos y las ofrendas? ¿Qué porcentaje de lo recibido se usa para cuidar del enfermo, los huérfanos y los pobres? ¿Existe alguna forma de fiscalizar a las iglesias, externa e internamente?

Fiscalizar el diezmo: una obligación de buenos cristianos

Un consejo a mis hermanos protestantes, así como fiscalizamos a los gobiernos porque hacen uso de nuestros impuestos, deberíamos fiscalizar en qué las iglesias están usando las ofrendas. Y además, sin pagar impuestos.

Entiendo el argumento de feligreses que dicen que ellos dan el diezmo y las ofrendas porque Dios se los manda. Su obligación es con Él y no con el pastor. Y me parece muy bien. Así como también debemos pagar nuestros impuestos, aun cuando los funcionarios no siempre lo usen para lo que deben.

Así como fiscalizamos a los funcionarios públicos que hacen uso de nuestros impuestos, así debemos fiscalizar a las iglesias. El principio por la cual las iglesias y las ONGs no pagan impuestos, es porque hacen una labor que le corresponde al Estado. Cuidar de pobres, enfermos, huérfanos, etc.

Pero si las iglesias no lo están haciendo o no lo están haciendo con un porcentaje significativo de sus ingresos, ¿por qué seguir con la exención de impuestos, si al final no están cumpliendo su función?

Mi intención no es criticar a quienes dan el diezmo, creyendo que están haciendo un bien mayor del que podrían hacer de forma individual. Sin embargo, tengo varias preguntas en las que espero todos en algún momento podamos meditar.


El problema no es el diezmo, es cómo lo usan.

Pero por lo que hemos visto en el reportaje “Los Magnates de Dios” de Univisión, los más afortunados por los diezmos y las ofrendas parecieran ser los pastores. ¿Qué tan beneficiados de las ofrendas y los diezmos se ven los pobres, los enfermos y los huérfanos? ¿Cuál es el porcentaje de los ingresos que las iglesias invierten en estos grupos? ¿Y cuál es el porcentaje que se va en sueldos de pastores y otros líderes asalariados? ¿Por qué los pastores son millonarios y viven en lujo? Si esa abundancia es bendición de Dios, ¿por qué no la usan para bendecir a más gente?

Según lo reportado por Univisión, Cash Luna sabía sobre los negocios oscuros de Marllory Chacón. Y le pedía su contribución para la construcción de Ciudad de Dios. Si Cash sabía que el dinero de Marllory Chacón era ilegal, ¿por qué lo recibió?

Si se prueba que él sabía de los negocios ilegales de Marllory, el haber recibido el dinero lo convierte en lavado. Todo eso debe probarse en un juicio público y justo. Mientras tanto, se asume su inocencia. Pero no podemos obviar un hecho a la vista de todos: los pastores y las iglesias viven en medio de un lujo que resulta obsceno, cuando el país llora sangre por la pobreza.

Espero que esta reflexión te haya sido útil para reflexionar sobre este tema un tanto espinoso para muchos hermanos.
Paz y bien.

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